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Italia no revierte la fuga de cerebros – Inglés

(ANSA) – BRUSELAS, 24 DE SEPTIEMBRE – (por Alessandra Briganti) Jóvenes, licenciados y cada vez más atraídos por las oportunidades que ofrece la economía del conocimiento: este es el perfil de los motores, ciudadanos europeos en edad de trabajar (20-64 años) que viven en un país de la UE que no es su país de origen.

Y entre los países que registran más salidas que llegadas, Italia no está logrando revertir la fuga de cerebros.

Así lo demuestra el análisis de un programa de estudios ESPON, especializado en estudios regionales de la UE, dedicado a los flujos migratorios intraeuropeos y su vinculación con la economía del conocimiento que vincula el aprendizaje, la innovación y la competitividad, como es el caso, por ejemplo, con start-ups y sector tecnológico.

A lo largo de los años, la movilidad en la UE ha cambiado de naturaleza.

El porcentaje de quienes deciden trasladarse a otro estado de la UE ha aumentado, pero a un ritmo más lento que en el pasado.

Según una Encuesta de población activa de la UE (EU-LFT), citada en el estudio, aumenta la proporción de personas con un título universitario y de quienes eligen vivir en un estado de la UE distinto al original.

Esta proporción fue del 34% en 2019, un 9% más que en 2009.

Austria, Bélgica, Francia, Alemania y España son los principales países de destino de trabajadores cualificados. Antes de su divorcio de la UE, el Reino Unido era el que más atraía. Por otro lado, Italia, Polonia, Rumanía, Bulgaria y Portugal se encuentran entre los principales países con el triste récord de mayor fuga de cerebros.

Según los investigadores, existe una correlación entre la economía del conocimiento, que es más dinámica y competitiva, especialmente en Europa Occidental y del Norte, y la movilidad intraeuropea.

Los trabajadores jóvenes calificados, según los investigadores, tienen tasas de movilidad más altas que otros segmentos de la población y tienden a establecerse en regiones donde la economía basada en el conocimiento está más desarrollada.

En las regiones y países de destino, la inmigración de trabajadores altamente calificados a menudo se considera un motor importante del desarrollo; mientras que, por el contrario, para los países de origen, la fuga de cerebros tiene implicaciones negativas en los ámbitos locales, ya sean económicos, sociales o demográficos.

Desde este punto de vista, la concentración de la economía del conocimiento en determinados ámbitos contribuye a incrementar los desequilibrios territoriales entre los Estados miembros, desequilibrios que pueden alimentar la inestabilidad política y socavar la cohesión europea.

Por tanto, corresponderá a la política de cohesión de la UE reducir las disparidades estructurales que hacen que determinadas regiones sean menos atractivas para los inversores y los trabajadores, no solo fomentando las inversiones en I + D y digitalización, sino también mejorando el conocimiento y los recursos locales, proporcionando servicios e infraestructuras de interés general y promoción de la cooperación horizontal y vertical entre las partes interesadas, en particular universidades y PYME. (ANSA).

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