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España: la inflación sube al 4%.

Enlace del título | Según la estimación final de la cifra, publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el índice de precios al consumidor (IPC) en España subió un 0,8% en septiembre respecto a agosto. Esto eleva la tasa de crecimiento interanual al 4,0% (3,7% en agosto). La lectura estuvo en línea con su lectura preliminar y las expectativas de consenso de los analistas. Por tanto, la inflación se encuentra en su nivel más alto desde septiembre de 2008.

En septiembre, los precios de la electricidad y la calefacción, el petróleo y el gas fueron los que más contribuyeron al aumento de la inflación. El aumento de los precios de los combustibles y lubricantes para vehículos personales, así como los precios más bajos de los paquetes vacacionales de un año a otro, también influyeron. Por otra parte, los precios en el grupo de la vivienda aumentaron su tasa de crecimiento interanual en tres puntos porcentuales hasta el 14,5%, como consecuencia del aumento de los precios de la electricidad. Al mismo tiempo, la tasa de crecimiento interanual de los precios en el grupo de ocio y cultura aumentó 1,5 puntos porcentuales hasta el 0,9%, debido a la evolución de los precios de los viajes combinados.

En cambio, la tasa de crecimiento interanual de los precios de los alimentos y bebidas no alcohólicas descendió en septiembre una décima de punto porcentual con respecto a agosto, hasta el 1,8%. En comparación con agosto, el IPC se vio impulsado por un aumento del 10,9% en los precios de la electricidad, lo que supuso casi cinco décimas de punto porcentual de la variación mensual total.

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La inflación subyacente, que excluye los precios de la energía y los alimentos no elaborados de su cálculo, repuntó a 1,0% desde 0,7% en agosto.

Por su parte, el IPC Armonizado (IPCA) subió un 1,1% en septiembre respecto a agosto, mientras que la tasa interanual subió un 4,0% (3,3% en agosto). Ambas lecturas también estuvieron en línea con sus lecturas preliminares y las expectativas de los analistas.

En resumen: la persistencia de una inflación elevada, más prolongada de lo previsto inicialmente, actuará como un “impuesto”, reduciendo la capacidad de consumo de los individuos y la capacidad de inversión de las empresas. Y, como se refleja en el presupuesto general de 2022, esta capacidad ya se verá obstaculizada por una mayor presión fiscal. Todo ello pone en peligro la recuperación y los objetivos oficiales de crecimiento económico marcados.