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España es diferente – el clavo

Una vieja consigna turística, acuñada por un entonces ministro de Franco y más tarde político en la transición democrática, Manuel Fraga Iribarne, aseguraba allá por los años sesenta, en inglés, que España era diferente. Como cada país es diferente a los demás, empezando por sus vecinos, la afirmación ha de entenderse en el sentido de que España supera con creces las diferencias habituales entre un país y cualquier otro. El lema se mantiene fiel, pero no solo en lo que respecta a nuestras bellezas naturales, gastronomía y oferta cultural, sino también a algunas características más discutibles y de poco o ningún interés para el visitante.

Tengo la impresión de que, quizás como consecuencia de haber asumido en gran parte la leyenda negra, nos miramos demasiado el ombligo y lo hacemos de una manera demasiado crítica. Por ejemplo, abusando de las citas de nuestros escritores, pensadores y otros españoles relevantes. Parecería que el escritor busca, sobre todo, demostrar su sólida formación cultural. Ortega y Gasset, Machado, Lorca, Goya, Picasso y Dalí son las citas más frecuentes.

También somos, o eso me parece, el país europeo más inclinado a manejar felizmente los porcentajes con pocas garantías. El 87,5% de los albaceteños está a favor de las fiestas taurinas, mientras que la proporción desciende al 77,20% en Murcia y al 52,06% en Cartagena. Revista alemana Popa ofrece un recuadro semanal donde aborda con humor esta práctica que, comparativamente, no está muy extendida en esas tierras. Vea un botón de muestra reciente: “El 100% de los espectadores rechazan la transmisión en vivo del coronavirus”.

También somos muy nuestros cuando nos referimos a la posición que nos atribuye cualquier escala internacional, que a veces incluye cierta manipulación. Si leemos que España tiene una universidad entre las doscientas mejores del mundo, podemos estar seguros de que ocupa precisamente esa posición doscientas. Si lo colocamos entre los diez primeros, no hay duda de que sería el décimo. Y en este sentido, es un dogma socialmente aceptado que nuestra medicina no es una de las mejores del mundo, sino la mejor. Parece que se piensa especialmente en el público, pero el privado no debe quedarse atrás ya que muchos funcionarios lo eligen.

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A partir de ahí, habiendo sido ejemplar la dedicación de nuestros médicos y personal de salud en general, la obediencia de la población durante su encierro y la colaboración del Ejército y las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad cuando fue necesario, se concluye que sirve como título para este columna. Que, en efecto, España tiene que ser muy diferente para que, a pesar de tantos factores a su favor, haya sido el país más afectado por la pandemia en relación a su número de habitantes.

Del abandono y muerte clandestina de nuestros ancianos en instituciones públicas y privadas, más de dos tercios del total de fallecidos, prefiero tratarlo en otra columna, porque el tema bien lo merece. Tantas muertes en un solo día como víctimas mortales de violencia machista en diez años.