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Discapacidad y empleo – hacia un nuevo modelo económico – Estrella Durá Ferrandis y Cristina Helena Lago

La “responsabilidad social empresarial” no garantizará un empleo decente para las personas con discapacidad, pero la concienciación en una economía social sí.

Estrella Durá Ferrandis

En los debates sobre el lugar de las personas con discapacidad en la sociedad, la noción de inclusión ha pasado a primer plano. Una sociedad “inclusiva” se adapta a las especificidades del individuo, yendo más allá de sus necesidades para darle todas las posibilidades de éxito en la vida. Por tanto, la inclusión depende, para su plena realización, de la movilización colectiva, así como de la voluntad de las organizaciones sociales, políticas y económicas de lograr la integración de los más vulnerables.

Desde el inicio de la crisis del Covid-19, muchas empresas han hecho una contribución social, no solo donando equipos médicos y ayudando a los más desfavorecidos, sino también invirtiendo grandes sumas de dinero en la preservación del uso y en la fabricación de máscaras. , respiradores, geles y otros productos esenciales para la salud. Más allá de eso, sin embargo, se hicieron cada vez más preguntas sobre el mundo después de la crisis. ¿Todo volverá a la normalidad? ¿Era esta normalidad realmente “normal”? ¿Podría surgir un mundo nuevo, animado por el deseo de solidaridad, una nueva sociedad, marcada por más ayuda mutua y tolerancia, con un nuevo modelo económico?

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Cristina Helena Lago

Economia social

Han pasado muchos años desde que se pronunciaron por primera vez las palabras ‘responsabilidad social empresarial’ (RSE) y (luego) la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas pedido el nombramiento de un representante especial en esta área. Por tanto, era fundamental iniciar, también a nivel europeo, una reflexión y una acción explícitas sobre los derechos humanos en el mundo empresarial. Los ecos aún resuenan en la fuga de gas de Union Carbide en Bhopal, India en 1984, del conflicto entre los indígenas mapuche de Chile y la empresa privatizada Endesa a principios de milenio por la construcción de una presa hidroeléctrica y el prolongado desastre ambiental. en el país. Delta del Níger resultante de descargas de petróleo de oleoductos propiedad de la empresa holandesa Shell.

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Las grandes empresas, en particular las multinacionales, querían mostrar su sentido de responsabilidad, más allá de la relación tradicional empresa-producto-cliente. Pero la conducta de las grandes corporaciones en la distribución de beneficios, su responsabilidad de pagar impuestos, fue y sigue siendo deficiente. Sus buenas acciones, a menudo consideradas cosméticas, han sido objeto de todo tipo de críticas.

Entre las empresas privadas, con sus estándares de RSE, y el sector público, Joseph Stiglitz ha ofertas un tercer pilar, que también representa una alternativa al modelo económico actual. Para él, la economía social representa “el modelo económico del futuro”. Incluye cooperativas y otras entidades sin ánimo de lucro, cuya principal virtud es combinar la eficiencia empresarial y la equidad en la distribución de beneficios.

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Polly Toynbee

Columnista de El guardián

La propiedad democrática de las cooperativas significa que la distribución de los excedentes es igual para cada socio, a diferencia de las sociedades limitadas y otras formas de empresas capitalistas en las que la distribución es proporcional al aporte de capital. Además, la economía social es una fuente de innovación que beneficia al resto de la economía, así como su capacidad para incluir a los segmentos más vulnerables de la población.

Interacción insuficiente

La estrategia de handicap adoptado por la Comisión Europea a principios de marzo establece un conjunto de objetivos vinculantes y legislación que deben alcanzarse para 2030, que incluyen Entre otros un plan de acción de economía social para mejorar el entorno propicio para las empresas sociales. Es importante aprovechar el impulso de esta estrategia para fortalecer la relación entre la economía social y las empresas inclusivas, algo lejos de ser una realidad.

Los negocios inclusivos pueden ser tanto sociales como comerciales. Y en España, por ejemplo, dentro de las empresas y entidades de economía social el 6,2 por ciento de los trabajadores tener una discapacidad reconocida– una proporción mucho más alta que la observada en las empresas comerciales (1,7 por ciento). Sin embargo, a pesar de la proximidad de valores y posicionamientos entre la empresa inclusiva y la economía social, el desconocimiento de la discapacidad, en general, sigue siendo un obstáculo para la contratación e incorporación de este grupo diverso en empresas con objetivos sociales.

Una economía donde el interés privado triunfa sobre el público obstaculiza la innovación y la eficiencia al tiempo que maximiza los beneficios de unos pocos. El fortalecimiento de la democracia interna en las empresas puede garantizar no solo un entorno de trabajo más agradable sino también más innovador y, con ello, una sociedad más innovadora en su conjunto.


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Son las entidades con una cultura socialmente responsable las que tienden a traducir esto en una mayor representación de los colectivos que sufren el mayor peso de la discriminación. Por tanto, es importante repensar la RSE, para que deje un lugar real para la economía social e inclusiva en nuestra sociedad, acelerando la transformación de un enfoque en la rentabilidad a la sostenibilidad y el bienestar social.

La Cumbre Social Europea de esta semana en Oporto es una gran oportunidad para poner el Principio 17 del Pilar europeo de derechos sociales, dedicada a la inclusión de personas con discapacidad. También es una oportunidad para hacer avanzar la economía social y establecer objetivos e indicadores concretos, como Índice de desarrollo inclusivo, que puede reemplazar el producto interno bruto obsoleto, y la inversión en sistemas públicos de protección social.

A más temprano versión de este artículo publicado en español en El periódico