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Cambiar la reforma laboral en España sin derogarla, esa es la cuestión

Joan Tapia | El desarrollo de la economía española el año que viene dependerá mucho del clima social. Con la ampliación de permisos y créditos ICO para empresas, el Gobierno ha conseguido que el diálogo social neutralice el temido aumento de conflictos que podría acompañar al fuerte descenso de la actividad.

Pero es vital mantener este clima social en los próximos meses e inspirar confianza en los agentes económicos, condición sine qua non para la preservación del empleo y la inversión. Esta es la razón por la que se ha pospuesto el derrocamiento total de la tan comentada reforma laboral y sólo se han cambiado “los peores aspectos”. Pero los plazos se han agotado y los sectores más radicales exigen que los acuerdos sectoriales se antepongan a los de las empresas (lo que reduciría la flexibilidad de la economía). Además, piden cvuelta completa a la ultraactividad (mantener un convenio indefinidamente hasta que se firme uno nuevo). Está claro que estos cambios tendrían un efecto negativo sobre el “espíritu animal” de los empresarios, ya afectados y asustados por la magnitud de la crisis.

¿Qué hará finalmente el gobierno? Hay que analizar las declaraciones de Pedro Sánchez al diario El Periódico poco después de la aprobación de los presupuestos. Sánchez sugiere que no habrá reforma laboral sin un acuerdo social. Literalmente lo que dijo fue:

“En el contexto de las relaciones laborales, creo que el diálogo permanente y la paz social son muy importantes. Mientras los agentes sociales quieran esta reforma, el gobierno está dispuesto a apoyarla. La economía bajará dos dígitos este año y tenemos que prepararnos para la recuperación. En este contexto, lo importante es garantizar la paz social. Por tanto, vamos a apostar decidida y categóricamente por el diálogo y la concertación social porque creo que eso es lo que quieren los actores sociales.

La conclusión es que la tan debatida revisión de la reforma laboral se negociará plenamente con los sindicatos y las asociaciones de empleadores, y el gobierno “acompañará” esta reforma. Es decir, los agentes sociales deben ponerse de acuerdo y no habrá dictado de gobierno, en el mejor de los casos algún indicio. ¿Le da esto poder de veto a la CEOE? Ciertamente que no, pero el Gobierno sabe que una vuelta de tuerca a la reforma de Mariano Rajoy en estos tiempos de gran incertidumbre tendría efectos muy negativos en la recuperación. La CEOE y los sindicatos tendrán que negociar mucho y llegar a un acuerdo. El gobierno “lo acepta”.

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Sin ninguna duda La CEOE y los sindicatos finalmente llegarán a un acuerdo y el gobierno, que tiene los medios, los presionará. Pero la reforma definitiva no anulará la de Rajoy. La reforma se puede equilibrar sin que se anule. De esta manera, puede evitar dañar la creación de empleo y también puede ser visto con buenos ojos por las autoridades económicas europeas. Además, los sindicatos no tratarán a Pedro Sánchez como lo hicieron con Felipe con la huelga general de 1988, o con Aznar después. Esto se debe a que ahora tienen más experiencia y el trabajo es la prioridad. Y en lo que a Pedro Sánchez se refiere, los que menos piensan de él son de la opinión de que “el diablo mejor que conoces”.