España vive este jueves un acontecimiento histórico con la exhumación de los restos del dictador de su actual lugar de sepultura, el monumento del Valle de los Caídos, para llevarlos a un cementerio municipal de Madrid.
El procedimiento busca cerrar un capítulo en la historia de este país y corregir la anomalía democrática que supone que un dictador tenga una tumba de Estado, donde ha permanecido durante casi 44 años tras su fallecimiento en noviembre de 1975.
Solo un grupo de 22 familiares y un reducido número de funcionarios y operarios, el mínimo imprescindible, estuvieron presentes en la operación, que tuvo lugar en la intimidad, ya que se vetó la presencia de público y de medios de comunicación.
A las 10:30 hora local, se procedió a levantar la losa de granito de 1.5 toneladas bajo la cual se encuentraba el ataúd con los restos del dictador, acto que atestiguaron algunos familiares del dictador, sus siete nietos y algunos de sus bisnietos, así como de la ministra de Justicia, Dolores Delgado, en su calidad de notaria mayor del Reino, y otros funcionarios.
Tras la exhumación, el féretro fue trasladado hasta el cementerio de Mingorrubio, en El Pardo, un barrio de Madrid situado en un paraje natural a varios kilómetros de la capital. Una vez en el cementerio, los restos fueon inhumados de nuevo en el panteón en el que está enterrada desde 1988 la viuda de Franco, Carmen Polo.
El Gobierno rechazó la petición de los familiares para enterrar a Franco con honores militares e incluso bajo una bandera española.
A petición de la familia Franco, se ofició una misa en la que el sacerdote fue un hijo de Antonio Tejero, el oficial de la Guardia Civil que encabezó el asalto al Congreso de los Diputados durante el intento de golpe de Estado de 1981 contra la incipiente democracia española.
Con información y foto de EFE

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