Wernher Magnus Maximiliam Von Braun nació el 23 de marzo de 1912 en Wirsitz, en la provincia prusiana de Posen, Alemania, hoy perteneciente a Polonia, en el seno de una familia aristocrática. Su padre fue el barón Magnus Von Braun.

Su madre Emmy, amante de la literatura, le dio a leer Viaje a los imperios de la Luna y el Sol de Cyrano de Bergerac, una historia que expresaba el deseo del ser humano de liberarse de las cadenas que lo sujetaban a la Tierra y explorar las esferas celestes. Este libro cautivó a Wernher, quien desde niño sintió gran inclinación por la astronomía y pasaba largos ratos mirando el cielo.

En su primera comunión, su mamá le regaló su primer telescopio, que despertó su fascinación por el espacio exterior. Las lecturas de las obras de ciencia-ficción de Julio Verne y H.G. Wells animaron su interés por las posibilidades de la exploración espacial. A pesar de que su madre alentaba su curiosidad, nadie en su familia tenía una trayectoria científica.

En sus primeros años como estudiante tuvo muchas dificultades, especialmente con su profesor de matemáticas, al que le preguntaba: ¿Cuáles son los elementos que deben tenerse en cuenta para calcular la órbita de un cohete a la Luna?.

En aquella época, esto provocaba grandes carcajadas entre sus compañeros; debido al desorden que provocaba en clase, fue expulsado del Instituto Francés de Berlín.

Un día encontró un libro cuyo título atrajo irresistiblemente su atención: Camino a los planetas de Hermann Oberth. La obra estaba plagada de fórmulas matemáticas y a Wernher no le quedó más que superar sus deficiencias y entrarle duro al estudio del cálculo y la trigonometría, para poder entender los principios de los cohetes.

Cuando terminó sus estudios secundarios, expresó con orgullo, para asombro de sus familiares: “Algún día verán como hago girar la rueda del progreso”.

Wernher Von Braun cursó Ingeniería Mecánica en la Universidad Técnica de Berlín y a los 22 años obtuvo su doctorado en Ciencias Físicas.

Estudió las técnicas de cohetería desarrolladas por Konstantin Tsiolkovski, Robert Esnault Pelterie y Hermann Oberth. Luego, él mismo desarrolló nuevas técnicas para cohetes de combustible líquido, que atrajeron la atención del propio Oberth, quien lo integró a su equipo de trabajo como auxiliar.

Acompañado del famoso profesor, el joven comenzó a visitar el campo de pruebas de Berlín-Reinickendorff, perteneciente a la recién fundada Sociedad de Astronáutica Berlinesa. Pronto participó en sus primeros experimentos de lanzamiento de cohetes.

El capitán Walter Dornberger, del Ejército Alemán, notó las extraordinarias cualidades de Von Braun. Le ofreció continuar sus investigaciones en las nuevas instalaciones militares de Kummersdorf, donde tendría todos los medios a su alcance.

A su pesar, Von Braun aceptó el empleo; Europa atravesaba por una depresión y sabía que no se le presentaría otra oportunidad. Así pudo especializarse en Ingeniería Aeroespacial.

El lugar asignado por el ejército era muy pequeño y propuso para sus experimentos una isla en la cual su abuelo solía cazar patos silvestres: Peenemünde, en la costa del Báltico.

Allí se creó un centro destinado al desarrollo de cohetes teledirigidos y se encargó a Von Braun su dirección. Los técnicos de Peenemünde tenían como gran ideal las aplicaciones espaciales de los cohetes y combustibles.

En el verano de 1939 se produjo el ataque alemán a Polonia, que dio inicio a la Segunda Guerra Mundial. Von Braun y los científicos que trabajaban con él se vieron obligados a ser miembros del Partido Nazi en 1940, siendo arrastrados por el conflicto.

Muy a su pesar, los cohetes con los que soñaban conquistar el espacio se convirtieron en terroríficas armas de guerra. Pronto fue desarrollado el misil balístico de largo alcance A-4, posteriormente conocido como V-2 o Arma de Venganza Dos.

El 3 de octubre de 1942 fue lanzado el primer cohete V-2. El disparo fue un éxito. La orden de producción no se hizo esperar y Alemania fabricó más de 10 000, de los cuales 2 676 cayeron sobre Londres, Amberes y otras ciudades aliadas. Von Braun expresó: “El cohete ha caído en un planeta equivocado”.

En represalia, 600 bombarderos de la Real Fuerza Aérea británica lanzaron un millón y medio de kilogramos de bombas incendiarias sobre Peenemünde.

Los efectos fueron devastadores, paralizando la construcción de la terrible arma y matando a 735 personas. Pese a ello, los trabajos no cesaron y Hitler mandó construir nuevas instalaciones subterráneas al Sur de los Montes Harz.

Von Braun, convertido en fabricante de armamentos, no había perdido de vista su verdadera vocación, la astronáutica. Debido a sus comentarios, él y dos colaboradores fueron detenidos por la Gestapo en 1944. Sin embargo, como no se podía garantizar el funcionamiento del V-2 sin él, las autoridades nazis decidieron ponerlo en libertad.

Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Wernher Von Braun decidió entregarse a los Aliados. Se casó con Maria Louise Von Ouistorp y, pese a una tentadora oferta de los rusos, prefirió establecer contacto con los estadounidenses.

Él y sus colaboradores emigraron a Estados Unidos y trabajaron en instalaciones militares de Texas, Nuevo México y Alabama. Se les encomendó preparar cohetes para su lanzamiento desde un terreno en Florida que luego se llamaría Cabo Cañaveral y, desde 1963, Cabo Kennedy.

El sabio alemán se hizo ciudadano estadounidense en 1955. No había dejado de creer, ni por un momento, en la posibilidad de los viajes espaciales. Mientras trabajaba en la creación de cohetes militares, escribía artículos y libros sobre astronáutica.

La técnica de cohetes tuvo un rápido desarrollo, encomendándose al equipo de Von Braun la construcción de los llamados Redstone y Júpiter.

Este último fue construido en varios cuerpos y especialmente diseñado para la operación de reingreso a la atmósfera terrestre, después de un vuelo espacial.

Para sorpresa de todos, el 4 de octubre de 1957, la Unión Soviética puso en órbita el primer satélite artificial, Sputnik 1, dejando estupefactos a los estadounidenses.

El éxito soviético produjo consternación a los Estados Unidos y en las esferas gubernamentales había una irritación que pocos trataban de ocultar. Esta aumentó debido al fracaso de la Marina con los cohetes Vanguard.

Fue entonces cuando el creador del V-2 ofreció al gobierno poner un satélite en órbita, en un plazo de 60 días. Cumpliéndolo al pie de la letra, el 1.º de febrero de 1958, un cohete Júpiter-C, combinación del V-2 alemán y el Redstone estadounidense, colocó en órbita el Explorer 1, primer satélite científico de Estados Unidos, como contribución al Año Geofísico Internacional.

Wernher Von Braun, director del lanzamiento, se convirtió en héroe nacional, salvando el prestigio de la nación. Esto le dio la oportunidad de realizar su sueño dorado, la conquista de la Luna.

Él y su personal pasaron a depender de la recién creada Agencia Aeroespacial de los Estados Unidos, la NASA. Von Braun fue designado director del Centro de Vuelos George Marshall, coordinando los esfuerzos espaciales y de cohetes de los demás centros de investigación en esas materias.

A partir de entonces, trabajó en el proyecto del cohete Saturno, el más grande jamás construido, de 110 metros de alto, un peso de 2 770 toneladas y propulsado por cinco motores en tres etapas, capaz de poner en órbita una masa de 130 toneladas.

Aunque los soviéticos también fueron los primeros en poner a un hombre en el espacio, la meta de Von Braun era colocar un artefacto tripulado en la Luna, lo que consiguió en el verano de 1969 con el Apolo 11, tripulado por los astronautas Neil Armstrong, Edwin Buzz Aldrin y Michael Collins. Fue impulsado por un cohete Saturno V.

Se convirtió en el día más feliz de su vida. Aunque su verdadero sueño era viajar personalmente a la Luna, fue contundente al superar la fantástica hazaña que relataba Cyrano de Bergerac en aquel libro que tanto había disfrutado de niño. Así comenzó una nueva era en la exploración del espacio.

Por ese tiempo murió su madre, la baronesa Emmy Von Braun, víctima del cáncer. Bajo la impresión dolorosa de aquella muerte, Von Braun expresó:

“Ahora me pregunto si los millones consagrados a la exploración del espacio no encontrarían mejor empleo en las investigaciones médicas. Sin duda, la conquista humana del Espacio es la aventura más audaz que se ha intentado en este planeta y hoy podemos mirar lo suficientemente lejos para advertir que el hombre se halla en el umbral de una Nueva Era. Pero si me preguntan acerca de si los millones de dólares que pagan los contribuyentes estadounidenses para costear las investigaciones astronáuticas tendrían mejor empleo en la lucha contra el cáncer, dudaría largo rato antes de contestar”.

Se dedicó a trabajar intensamente en el proyecto Viking, que intentaba colocar una cápsula tripulada en Marte, y se convirtió en el principal vocero de la NASA.

El programa tuvo dificultades y fue vetado por el Congreso. Con el recorte presupuestal, Von Braun decidió cerrar otro capítulo de su vida. Renunció a la NASA y se convirtió en vicepresidente de Ingeniería y Desarrollo de la firma aeronáutica Fairchild.

Siempre lo entusiasmó la idea de detectar vida extraterrestre. Su libro Frontera Espacial se convirtió en una “Biblia” sobre cohetería y vuelos espaciales. También escribió sus memorias, sobre una vida dedicada a un solo objetivo: el espacio exterior.

Poco después de retirarse, el infatigable trabajador y amante de la vida familiar Von Braun murió de cáncer de colon en un hospital de Virginia, el 16 de junio de 1977.

Su muerte cerró un capítulo en la historia de la humanidad. Solamente civilizaciones futuras podrán juzgar la obra del genio de la cohetería moderna, el principal creador del programa espacial que llevó al hombre a la Luna.

Los proyectos de Wernher Von Braun siguen influyendo a los técnicos aeroespaciales. Sus conceptos de módulos lunares, transbordadores espaciales, sondas robot y naves tripuladas a Marte continúan desarrollándose en este siglo XXI.

 

Investigación y guión: Conti González Báez

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