Coordinar, espacio, tiempo, movimiento y ritmo, ya sea en forma individual o colectiva, es lo que llamamos bailar. Para realizar esta acción, se requiere una complicadísima coordinación de diversas regiones cerebrales, ya que el bailar es una habilidad que obtuvimos a través de la evolución, ya que ningún otro mamífero la tiene.

Investigadores interesados en conocer cómo el cerebro es capaz de concertar esas acciones, lograron obtener imágenes del cerebro de bailarines por medio de tomografía por emisión de positrones.

La tomografía detecta las zonas cerebrales que se activan porque en ellas hay mayor flujo sanguíneo.

Las imágenes mostraron que al bailar, la corteza parietal posterior envía la información visual a la corteza motora. Ésta genera impulsos nerviosos por la médula espinal hacia los músculos que, a su vez, reenviarán al cerebro, al cerebelo y a los ganglios basales la información que se encargará de refinar los movimientos. Al cerebelo le toca coordinar las señales visuales, auditivas y sensoriales de los músculos.

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