El poder envilece, manejarlo no es fácil, entender que no es nuestro, sino de un puesto, puede resultar complicado para cualquiera. Por eso urge que a todos los candidatos de elección popular se les hagan pruebas psiquiátricas, sociológicas para saber si tienen la capacidad de lidiar con él.

Andrés Manuel López Obrador, llegó a los Pinos con un importante respaldo popular, gracias a su simpatía, la falta de opciones y el hartazgo de la gente con regímenes pasados. Hoy por hoy, a cuatro meses de haber iniciado su gobierno, goza de una popularidad, que no la tiene ni Obama.

Cuenta con la mayoría en el poder legislativo federal y muchos locales, un fenómeno que no se veía desde los tiempos del priismo autoritario.

Lamentablemente las últimas declaraciones del político tabasqueño, muestran intolerancia a la crítica, ceguera ante una realidad que afecta a millones. Parece que no ha entendido que la campaña se acabó, que hoy por hoy, le guste o no, es presidente de fifís y de chairos por igual.

La corrupción no tiene ideología, bandos. Todos están hartos por igual de los abusos y los excesos, de la incompetencia de tribunales, jueces y policías. Nadie quiere la impunidad. Solo un presidente que pueda ostentarse como jefe de Estado puede representar esa aspiración colectiva.

Nunca he dudado que las intenciones de AMLO sean buenas, el problema es que su necedad le lleva a pensar que basta con lo que crea su dedito para que la realidad sea otra. Un ejemplo, más tardó en salir el programa de becas para los jóvenes propuesto por el nuevo presidente de México que empresas dedicadas a ofrecerle a los muchachos no trabajar a cambio de un “moche”.

La realidad suele operar al margen de toda consideración ética; simplemente se desenvuelve de acuerdo a su propia lógica. Y peor para nosotros si no somos capaces de entender esa lógica.

A cuatro meses del arranque de este Gobierno, la estadística de asesinados, feminicidios y desaparecidos se mantiene al auge e, incluso, la delincuencia sigue inventando nuevas modalidades para reproducirse. Su respuesta mostró en donde está, ¨Yo tengo otras cifras¨, lo cual es cierto, el problema es que no quieras reconocer que son erróneas, y ante esto todos a temblar, porque ¿cómo vas a enfrentar una enfermedad si está mal diagnosticada?

AMLO prefirió minimizar la labor del periodista que lo cuestionó, amenazar a los críticos, que reconocer que se había equivocado. Pero nuevamente la terca realidad que es más terca que él, vino a mostrar el México real. Minatitlán 13 muertos entre ellos un niño de un año, Tabasco dos mujeres asesinadas frente a sus hijos, y al final los números OFICIALES dándole la razón al poco “prudente” Jorge Ramos. El trimestre 2019, supera a cualquier otro en materia de asesinatos.

El primer mandatario lanzó la arenga en seis meses bajarán los índices de homicidios dolosos, siempre y cuando estén funcionando todos los programas sociales, una promesa sin pies ni cabeza, porque está comprobado que no hay relación entre la disminución a corto plazo entre los crímenes y los apoyos sociales. Además, la Guardia Nacional ni siquiera estará operando de forma correcta.

¿Por qué está obsesionado con establecer plazos en temas tan volátiles como la seguridad? Sobre todo, ante su falta de claridad al respecto.

Cuando fue oposición cuestionó la banalidad de EPN ante las tragedias, AMLO se comportó igual que el priista, al ponerse a echar porras al gobernador de Veracruz, sobre los cadáveres de 13 personas.

Lo último fue decir que son los conservadores los que exigen paz en el país, un escupitajo al rostro de millones de víctimas del crimen organizado, secuestros, extorsiones, desaparecidos, asesinatos. Otra vez enfocando su discurso a un entorno político, cuando el problema es estructural de todo el estado mexicano.

¿De verdad cree presidente que los dos niños tabasqueños que vieron como mataron a sus madres están preocupados por usted? ¿Si esos niños le piden paz, son conservadores?

Él provoca que la ventana sea el espejo y el espejo la ventana. Ni vemos ni escuchamos lo que no nos parece, la congruencia, la autocrítica nos estorban.

Andrés Manuel tiene en Benito Juárez y Lázaro Cárdenas dos de sus referentes, no debería olvidarlos. No veo al benemérito llamando mascotas o animalitos a los pobres que necesitan ayuda, o citando la biblia en sus discursos oficiales.

Un mandatario comprometido con los profundos problemas que padece México, consiente de las enormes dificultades que tiene por delante, no debería desgastarse en infiernillos. López Obrador fue un líder opositor responsable y leal a sus causas. Es desconcertante este súbito engolosinamiento con el poder, que le lleva a exhibir arranques altaneros y perder el olfato político que siempre le caracterizó.

Twitter: Jesús Escobar (@jet1403)

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