El Gobierno Federal y sus huestes han intentado llevar la discusión de lo sucedido en Culiacán, al terreno de si la decisión de entregar a Ovidio Guzmán para evitar una masacre fue correcta, debido a la situación que se vivía, sin duda fue lo mejor que pudieron haber hecho, sin embargo, el fondo del debate no es ese.

El fallido operativo mostró una estrategia que no funciona, porque en muchos sentidos es más de lo mismo, pero aderezada con un discurso que raya en lo ingenuo y hasta ha provocado escarnio.

El discurso de la 4T es pacifista, en el discurso declaró el final de la guerra contra el narco, pero la realidad, la necia realidad nos ubica todos los días. La violencia sigue ahí, al alza, sin barreras que la contengan.

Cierto hay que atacar las causas que provocan que los jóvenes opten por el crimen organizado, la falta de oportunidades que llevan a la gente a vender drogas, los problemas sociales que revientan familias, pero no es lo único, ni es lo que garantiza resultados en el corto plazo.

La violencia es consecuencia de un estado colapsado, sin instituciones fuertes, de altos niveles de impunidad, ¿cuánto de esto se está corrigiendo en la actual administración? Muy poco. Incluso con la política de no aplicar la ley con el pretexto de no reprimir, se ha profundizado.

Las imágenes de soldados sometidos por pobladores armados con palos y piedras, vulnera la autoridad. Ojo, nadie pide que los militares disparen a la primera provocación, pero de ahí a ser maltratados hay un mundo de diferencia. La orden de que no hagan nada, manda un mensaje equivocado.

La consecuencia la vivimos la semana pasada, justo después de que el titular de la SSPC, Alfonso Durazo, salió a presentar cifras alegres en materia de homicidios. Emboscada en Aguililla, ataque a policías federales en Acambaro, el enfrentamiento en Iguala y la capitulación ante el Cártel de Sinaloa. El principio de autoridad, que siempre ha sido precario en México, ahora está al borde del colapso.

El operativo contra Ovidio Guzmán, fue un desastre, porque estuvo mal planeado, porque se minimizó la capacidad de respuesta del enemigo, porque se realizó en un horario que ponía en riesgo vidas de civiles, porque no contó con los elementos suficientes, porque no hubo coordinación con las instancias que tienen la experiencia para llevarlo a cabo. Porque mostró desconfianza entre las mismas, porque no hubo coordinación con la FGR, ¿Cómo es posible que no llevaran orden de cateo? Y porque ni siquiera hubo comunicación entre los responsables del operativo. Al final todos se lavaron las manos. La Guardia Nacional quería colgarse la medalla y terminó colgándonos a todos.

Fueron detrás de este criminal, por instrucciones de EUA, que lo requiere por su peso en el lavado de dinero, del Cártel que encabezó su padre, y de esa forma cuadrar todo lo relacionado con el dinero del ¨Chapo¨, eso evidencia que la línea sigue siendo la misma que con Calderón o Peña, es del otro lado de la frontera donde se determina que capo cae y cual no. No les importa que capos generan más violencia, sino los que venden más droga. ¿Cuál es el principal problema de México? ¿Los homicidios  o el consumo?

La UIF de Hacienda está haciendo un trabajo fenomenal en el combate al lavado de dinero, los legisladores dieron herramientas suficientes para golpear donde duele, pero las fuerzas de seguridad, la FGR, los gobernadores van muy atrás. Mientras, el presidente, que no es experto en seguridad, sigue con un discurso hermoso para el púlpito, pero inservible para el estado.

Twitter: Jesús Escobar Tovar/ @jet1403

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