En los últimos meses hemos vivido diversas experiencias protagonizadas por el presidente que nos hacen recordar dos novelas que en sus páginas definen claramente a varios sectores de la población. ¨Casi el paraíso¨ de Luis Spota y ¨Las niñas bien¨ de Guadalupe Loaeza.

Comencemos con esta última. Hace unas semanas se estrenó la adaptación cinematográfica de esta obra, que nos cuenta los entretelones de la alta sociedad en medio de una de las peores crisis económicas que haya enfrentado México en la década de los 80´s.

Fue un verdadero caos, época oscura, difícil, donde mucha gente lo perdió todo, otros se sumieron en la pobreza. Empresas quebraron, el desempleo creció, la inflación se disparó.

¿Qué fue lo que pasó?  

En 1970 era evidente que uno de los cimientos de la economía mexicana, el desarrollo industrial a partir de la sustitución de importaciones, se estaba agotando. El presidente Echeverría trató de resolver este problema elevando el gasto público.

Seis años después hizo crisis toda una época. Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, habíamos intentado crecer con un mercado exterior cerrado. Para 1965, eso ya no funcionaba, pero en lugar de reconocerlo y corregir, empezamos a pedir prestado.  El resultado fue desastroso: la deuda pública se multiplicó generando una devaluación abrupta del peso.

José López Portillo tuvo mucha suerte. En cuanto entró, se descubrió el segundo yacimiento petrolífero más grande de la historia: Cantarell. Basó el desarrollo económico en la exportación de petróleo y la continuación de la política de mucho gasto público.

La economía y finanzas públicas se petrolizaron. Cuando en 1980 comenzaron a caer los precios del crudo, los dos pilares se cayeron generando el colapso de la economía, 10 años nos costó levantar la cabeza, por la irresponsabilidad de autoridades que no supieron ni quisieron escuchar.

A lo largo de los ochenta y noventa, México reconstruyó su economía a partir de dos nuevos pilares: finanzas públicas sanas y la exportación de manufacturas.  El salinato aplicó la llamada política neoliberal como punta de lanza.

El país salió adelante, sin embargo, el magro crecimiento, que solo profundizó las asimetrías existentes, sirvieron de bandera para satanizar al neoliberalismo como causante de todos los males.

El presidente anunció hace unos días el fin de la política neoliberal en México, una política que ha empobrecido al país, que ha generado corrupción, iniquidad en la distribución de recursos. Se equivoca, Andrés Manuel López Obrador, el problema no fue el neoliberalismo, fue la corrupción, el compadrazgo, el abuso, la falta de Estado de Derecho, el acceso desigual a la justicia y a la educación.

Esos problemas que se vienen arrastrando desde gobiernos centralistas o estatistas. Y ¡OJO! No olvidemos que, si el neoliberalismo apareció en nuestras vidas, fue por el fracaso del proyecto nacionalista, que hoy apoya el tabasqueño.

¨Casi el paraíso¨, nos cuenta dos historias que al final se entrelazan, tienen como protagonista a un sujeto que se finge Conde para engañar a los mexicanos, tan factibles a comprar espejitos. Al final descubres que el supuesto representante de la realeza no es más que un hijo de puta, literalmente.

El Gobierno exigió a España y al Vaticano que se disculparan por las atrocidades cometidas durante la Conquista, de lo que ahora conocemos como México. De inmediato se registró un debate interesante sobre historia, pero también nos dejó expresiones verdaderamente vergonzosas.

No es nada extraño ni malo que un gobierno pida disculpas, ese no fue el problema, fue el protocolo, las formas que usó el gobierno mexicano, el hecho de que la esposa del primer mandatario fuera la “ideóloga¨ del desastre. Existió ignorancia oficial, porque, tanto el Vaticano como la Corona Española, ya se habían disculpado en diversos momentos.

Pero más allá de esto, la actitud sumisa, ridícula, de miles de mexicanos pidiendo disculpas al Rey Felipe fueron lamentables, evidenciando el poco respeto y dignidad nacional que tenemos, seguimos comprando espejitos, seguimos creyéndonos, como reza la excelsa novela de Spota, gente de ¨Europa¨, seguimos añorando un príncipe, un monarca.

Un sector del país, de los estratos altos y medios, muestra ese racismo, que les impide aceptar, incluso, la victoria de un prieto tabasqueño, que puso en el grito en el cielo porque indígenas, trabajadores domésticos pobres entraron a Los Pinos.

Pobre México tan lejos de la congruencia, y tan cerca del patetismo crónico.

Twitter: Jesús Escobar/ @jet1403 

Comentarios