La construcción de la refinería de Dos Bocas, Tabasco inició con el pie izquierdo. Cuando se anunció el proyecto, grupos ambientalistas expresaron su preocupación por el daño que representaba la obra por su ubicación en un frágil ecosistema.

Analistas cuestionaron su rentabilidad por su alto costo, el tiempo que toma de su construcción y su operación que son muy altos y volátiles.

Una promesa de campaña fue la autosuficiencia energética, producir la gasolina que se consume, que suma 800 mil barriles diarios, de ellos el 70 por ciento es importada, dependemos de la importación de 60 mil barriles diarios de los Estados Unidos.

Para que una refinería funcione necesita la materia prima que es el crudo y la producción ha ido a la baja. Se cuestiona la rentabilidad de invertir en una refinería y no en la producción de nuevos campos petroleros.

En el mundo hay una tendencia a disminuir el uso de gasolinas a cambio de energías limpias. La ponderación de invertir al menos ocho mil millones de dólares frente a la renta de una refinería en Texas y la inversión adicional de 25 mil millones de pesos millones para rehabilitar las seis refinerías que operan a la mitad de su capacidad, sin duda afecta la rentabilidad de Petróleos Mexicanos que no pasa por su mejor momento.

Hay serias dudas de la negativa de las cuatro empresas especializadas que fueron invitadas a participar en la licitación, Technip, KBR, Bechtel, y Worley Parson. Luego de analizar el proyecto las cuatro dijeron que no se puede hacer en el plazo de tres años y con los recursos asignados.

Finalmente, el presidente AMLO anunció que será Pemex la que se encargue de la construcción, decisión que genera dudas ante su deuda y su prioridad que debería ser buscar más campos para producir petróleo.

El riesgo es que Dos Bocas se convierta en un pozo sin fondo, que no sea rentable y cuando finalmente cuando llegue a refinar los 340 mil barriles diarios de gasolinas proyectados ya no sea tan indispensable.

Twitter: Arturo Corona/@arcoma53 

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