El estancamiento de la economía que se venía arrastrando desde el final de la administración anterior, se aceleró estos primeros diez meses.

A la guerra comercial desatada por Donald Trump que ha causado una recesión que empujó a la economía mundial a un crecimiento de solo el 3 por ciento, según el FMI, la cifra más baja desde la recesión del 2008, para México de solo 0,4 por ciento del 0,9 por ciento previo, se agrega una serie de medidas encaminadas a frenar la inversión privada ante la cancelación de proyectos como el Aeropuerto de Texcoco, el congelamiento de las rondas petroleras, la falta de gasto gubernamental, nuevas reglas a las empresas constructoras, la incertidumbre sobre la marcha de la economía y la falta de certeza para los capitales aunado a que las familias no ven claro el panorama, no se endeudan con un bien durable y esperan momentos mejores.

Todo esto se combina en una falta de consumo, de ventas y de producción, el resultado es un estancamiento de la economía que se refleja ya en la tasa de desempleo que dio a conocer el INEGI. La tasa de desocupación del mes de septiembre retrocedió a 3.5 por ciento, ligeramente por debajo del mes previo. El subempleo aumentó a 7.8 por ciento, esto se refiere a la población con un empleo formal pero que tiene necesidad de trabajar más horas o tener un segundo empleo para poder llevar suficientes recursos al hogar.

Otro parámetro importante es la informalidad, aquellas personas que se emplean por su cuenta y que no tienen ninguna seguridad social y no pagan impuestos, es de 56.7, hace un año era de 55 por ciento. También ha aumentado la población económicamente activa de 15 años y más a 60.2 por ciento, el resto se dedica al hogar, estudia, esta, jubilado o pensionado.

El desempleo, un reflejo del estancamiento de la economía.

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