El primer paso en todas las labores de restauración y conservación de obras de arte es limpiar, pues es necesario eliminar las capas de polvo que con el tiempo se depositan sobre ellas. Esta no es tarea fácil, pues se tienen que buscar sustancias limpiadoras e instrumentos que no dañen la obra original.

Una de las técnicas más usadas en la actualidad es la aplicación de un gel limpiador, que por su viscosidad no escurre y puede aplicarse sólo en el área deseada. Sin embargo, el problema surge cuando hay que remover esta sustancia, ya que algunas veces se adhiere tanto, que jala consigo el barniz externo y la pintura subyacente.

Un químico especializado en restauración ha ideado un gel muy viscoso, casi sólido, a base de polietilén glicol y acrimilamida, al que se le mezclan pequeñísimas partículas de fierro. Este material tiene la consistencia de una esponja la cual se impregna con algunas sustancias especiales para limpiar las superficies de las pintura. Una vez que el gel limpiador ha realizado su función se coloca un imán sobre él, desprendiéndose fácilmente sin hacer daño a la obra.

 

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